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Desde que nací tuve la gran fortuna de pasar la mayor parte de mis vacaciones de verano en un lugar idílico, un pequeño pueblecito de costa, a caballo entre el bravo Oceáno Atlántico y el río más hermoso que haya visto jamás: El Eume. Allí crecí y disfruté de mi infancia como en ningún otro lugar. Allí conocí a muchos amigos, la mayoría de los cuales conservo aún en la actualidad. Juntos vivimos mil y una peripecias, abriéndonos paso al mundo, explorando, exprimiendo al máximo cada segundo que pasaba. Nos gustaba el riesgo, lo desconocido, y a pesar de que este era un motivo de preocupación para nuestras familias, nos sentíamos fuertes y, sobre todo, libres. Sentíamos una atracción especial por la Naturaleza, que de un modo u otro siempre estaba presente en nuestras andanzas. Bajo este marco comenzamos a hacer nuestros pinitos en el mundo de la pesca y, probablemente, por entonces se cimentaron las bases de lo que hoy es vadeando.com.
Empezamos a pescar en el mar, con cortas y frágiles cañas telescópicas, y con ellas llegaron las primeras sensaciones mágicas, esperando la frenética picada de las anguilas o la aparición de los combativos y desconfiados múgeles. Luego pasamos a la sacrificada, aunque reconfortante pesca de las robalizas a spinning. Más tarde trasladamos nuestros objetivos a las truchitas autóctonas que habitaban el pequeño riachuelo de San Martiño… y poco a poco, sin apenas darnos cuenta, el dulce veneno de la pesca iba invadiendo nuestras venas.
Fue a partir de entonces, cuando decidimos enfrentarnos al mayor reto de nuestras vidas como pescadores. Descubrir los misterios que escondía el hermoso río Eume comenzó a ser nuestra gran obsesión. Observábamos a los reos inmóviles en las grandes pozas bajo el sol de mediodía, ignorando nuestras cucharillas y rapalas, con una soberbia propia de quién se sabe príncipe de los ríos. Allí nos dimos cuenta de que en la pesca, como todo en la vida, hay que ser paciente y saber esperar el momento adecuado, pero también aprendimos que cuando llega ese ansiado instante, en el caso del reo, es magia pura. Hacer caer a este pez majestuoso en el engaño no es tarea sencilla y, menos aún, conseguir doblegarlo. La pelea con un reo eumés es todo un derroche de adrenalina, producto de la tensión y de la euforia, todo ello envuelto en un lienzo al óleo como son “As Fragas do Eume”.
Son muchas las vivencias que me llevo de este magnífico río, todas ellas acompañadas de una tremenda carga emocional. El primer reo de mi vida lo pesqué en As Cañotas, ese precioso pozo de aguas remansadas de tono esmeralda, bajo la atenta mirada de mi abuelo. También recuerdo a aquel hombre con el rostro pálido y desencajado que me pedía desesperadamente una cucharilla del nº 0, inmediatamentemente después de que un reo de más de dos kilos le robase la última que le quedaba en su caja. Me viene a la mente aquel gran reo con el que dancé durante diez minutos arrastrado por la corriente, con mi amigo Javi expectante, dudando entre inmortalizar el momento o lanzarse a mi rescate. También están presentes otras de recuerdo triste, como el día que vi como el maestro Ferrín entregaba para siempre su alma al río que tantas alegrías le había proporcionado.
Desde hace algunos años estas sensaciones inigualables se han ido contaminando. Por alguna extraña razón, un grupo de pescadores se fueron adueñando progresivamente del río. Como perros rabiosos, se atrincheraban durante horas en las mejores posturas esperando el momento de mayor vulnerabilidad del reo, la caida de la noche. Pobre del que “invadiese su puesto de caza”, porque a base de improperios, o simplemente de malas caras acaban consiguiendo que te largases de allí. Esto, unido a la afluencia masiva de visitantes al Parque Natural, hizo que la paz que me producía aquel lugar, se fuese tornando en incomodidad por lo que casi inconscientemente acabé por dejar de ir a pescar al coto de Ombre.
Hace escasamente quince días todas estas imágenes me vinieron a la mente en centésimas de segundo, dándome un vuelco al corazón. Saltaron las alarmas. Un pescador me comentó que se habían visto decenas de reos muertos en el tramo bajo del coto. Preocupados por la situación empezamos a indagar, pero transcurrían las horas, los peces seguían muriendo y ningún estamento se pronunciaba oficialmente para aclarar los motivos de tal suceso. La información llegaba a cuentagotas en forma de imágenes y videos. Se barajaban múltiples hipótesis pero nadie saltaba a la palestra a hacer las aclaraciones pertinentes. Al cabo de unos días se filtra la información de que la excesiva acidez del agua podría ser el motivo del desastre que asola al Eume. La fisiología del reo está adaptada a variaciones importantes en los niveles de pH que soportan al pasar de un medio salino al agua dulce de los ríos, sin embargo la excesiva acidez de las aguas del Eume parece estar siendo inasumible para los reos. Entre medias en un intento pésimo de minimizar la gravedad del problema se salda la cifra de reos muertos en 23 ejemplares. Además, los datos que se ofrecen acerca de los niveles de pH están casi un punto por encima de lo que distintos aficionados de forma independiente recogen con sus pH-metros.
Entre las posibles causas del descenso en los niveles de pH se encuentran los vertidos continuos a un afluente del Eume, el río Chamoselo, derivados de las obras de construcción de la autovía Ferrol-Vilalba, que han originado la desaparición de toda forma de vida en el mismo debido a la elevadísima acidez de sus aguas. Por otra parte, estos materiales se habrían ido acumulando en la presa de As Pontes, la cual habría supuesto una barrera de contención momentánea que solo retardaría la aparición de la tragedia.
Lo del Chamoselo no es nuevo, ya que hace meses que lo venimos avisando en la web. Entonces yo me pregunto ¿se han hecho estudios de impacto ambiental apropiados en el proyecto de construcción de la autovía? ¿por qué no se han tomado medidas para detener los continuos vertidos a este río? ¿qué intereses económicos subyacen en todo esto? ¿por qué se trata ahora de esconder el problema? Demasiadas preguntas sin contestar, demasiada falta de transparencia.
No se puede consentir que la vida de un río sea moneda de cambio para llenar las arcas de unos cuantos señores. Busquemos fórmulas industriales alternativas, más respetuosas con el medio ambiente y castiguemos duramente a quien se salta a la torera la ley. Señores el daño ya está hecho y los responsables deberán recibir su justo castigo. Pero todavía están a tiempo de solucionar en parte el problema. Se han avistado unos 2000 reos entrando en la ría, que nadan directos hacia la boca del lobo. Tomen las medidas oportunas, hagan un trasvase de peces si es necesario, porque está en juego la continuidad de esta emblemática especie en el río Eume. Busquen a los responsables y, si resulta que son ustedes, apechuguen con las consecuencias.
Me produce mucha tristeza ver la avaricia de aquellos insensibles que se llevan pedacito a pedacito los tesoros de este enclave natural, arrebatando la vida de miles de seres vivos y la ilusión de muchos de nosotros por un misero puñado de euros.
Hace ya unos cuantos años, después de los infructuosos intentos de repoblación con huevas de salmón atlántico procedentes de Escocia,los técnicos británicos asombrados por la belleza del Eume, no podían entender cómo era posible que hubiesen desaparecido los salmones propios de ese río. ¿cómo es posible que no valoremos en su justa medida lo que tenemos? Reconozcámoslo, somos el hazmereir de todo el mundo.
Me despido dirigiéndome a ti, que tantas alegrías nos has dado y que tan injustamente te hemos correspondido. Qué tristeza me produce que no te valoremos como te mereces, qué triste es ver el estado en que encuentras. Sólo me queda decirte una cosa: a pesar de las continuas agresiones a las que te ves sometido, a pesar del menosprecio con que te tratan, aguanta amigo Eume, aguanta. Somos muchos a los que nos importas y haremos todo lo posible para que te recuperes.
Texto y fotos: Psikepike (vadeando.com)
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