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Un día de pesca en el lote 2 de A Pontenova Imprimir E-Mail
Escrito por Mael   
martes, 29 de junio de 2010
 
El viernes era nuestro día de pesca. Como quiera que no conocíamos en absoluto la configuración de este acotado de pesca, nos desplazamos hasta A Pontenova el día anterior. Lo hice, como siempre, acompañado de mi sobrino Jorge que es mi fiel escudero, compañero y amigo entrañable. Al día siguiente llegaría el tercer integrante del grupo, mi sobrino Antonio que, a la postre, iba a convertirse en el héroe del día, ya que él fue quien pescó el salmón. Así pues, nuestra “pandilla salmonera” estaba integrada por mis dos sobrinos Jorge y Antonio y el que suscribe, quedándose fuera de la lista en esta ocasión mi hermano.

El día de nuestra llegada Jorge y yo lo dedicamos a averiguar la ubicación de los pozos del coto y la forma de acceder a ellos, localizando los pozos de “El Tirín” y “A Penouta”, dejando la localización de el pozo “Caramocho” para el día siguiente ya que se nos hacía un poco tarde. Sin embargo, a última hora y cuando ya nos íbamos de retirada vimos cómo un pequeño salmón entraba por el cabecero del Lote I lo que, sin duda, nos hizo concebir esperanzas cara al día siguiente.

A PenoutaA pesar de ir ilusionado a este coto de pesca, mi primera y gran decepción fue ver cómo estaban los accesos a los distintos pozos. Estimo que la práctica de la pesca no debería estar condicionada por el deficiente acondicionamiento de estos accesos a los pozos de pesca. Ahora bien, si lo que se quiere es hacer una exclusividad para un determinado colectivo, sería mucho más elegante que la Xunta no nos diera opción alguna a quienes ya hemos olvidado lo que ahora se llama segunda juventud y nuestras condiciones físicas dejan ya un poco que desear. Alguien me puede decir que me dedique a jugar al mus y tal vez no le faltaría razón, pero yo llevo pescando desde que tenía 15 años y ahora que tengo ya 66 me da verdadera pena tener que abandonar este deporte porque la administración sea incapaz de entender que hay personas que aún respiramos y sentimos la necesidad de hacer algo distinto a jugar al dominó, al tute o ver la televisión. Me niego a que, por culpa de la insensibilidad y la necedad de quienes gestionan los recursos económicos de nuestras Comunidades, un montón de personas veamos limitadas nuestras opciones de sentir que aún estamos vivos y que estamos aquí para algo más que para sentarnos como meros espectadores de lo que está sucediendo en la vida.

No creo que el acceso al pozo de “A Penouta”, por cualquiera de las dos márgenes, sea para enmarcar como modelo ejemplar de lo que es un coto bien cuidado. En el pozo de “El Tirín” el acceso es mejor, pero tampoco es para ponerlo como ejemplo. Del “Caramocho” prefiero no hacer ningún comentario, pues tal vez tendría que utilizar expresiones poco educativas. Dicen que las comparaciones son odiosas, pero voy con bastante asiduidad a pescar a otra Comunidad no muy lejana de esa y la verdad es que el 99% de los acotados salmoneros están perfectamente adaptados para que se pueda acceder a ellos sin problemas o con muy poquitas dificultades.

Pero volvamos a lo meramente deportivo. Tuvimos la fortuna de localizar a primera hora de la mañana en “A Penouta” el salmón que posteriormente pescaría mi sobrino Antonio. Le vio Jorge a la altura de donde se encuentra el letrero que señaliza el nombre del pozo al cual accedimos por la parte de la carretera general. A los pocos momentos le perdimos de vista y sólo le vimos “bañarse” casi media hora después como a dos o tres metros de donde estaba en un principio.

Nos quedamos observando el río con el fin de localizar el salmón nuevamente e intentar pescarlo, pero después de más de una hora de espera y no conseguir volver a verle, tomamos la decisión de irnos para dejar descansar ese tramo de río y volver a probar suerte por la tarde.

Nos fuimos hacia “El Tirín”, en el cual yo ya había estado a primera hora y salvo alguna pequeña trucha que se “cebaba”, la quietud era total y absoluta. Jorge se acercó hasta “El Caramocho” y se vino al cabo de un buen rato tal como se fue, es decir, si ver absolutamente nada de nada. Cuando llegó el “pescador”, que lo hizo acompañado de su padre, que es mi hermano, les pusimos al día de todo lo acontecido y tratamos de orientarles sobre el lugar donde habíamos visto el salmón, con la diferencia de que, al contrario que nosotros, decidieron bajar al pozo por la margen derecha aguas abajo.

El Tirín
 
Fue entonces cuando Jorge y yo aprovechamos para irnos a comer ya que mi hermano y mi sobrino ya habían comido por el camino. Cuando estábamos terminando de comer, nos llamaron al móvil indicándonos que habían prendido el salmón, es decir, que nuestra orientación había sido más que notable. Como os imaginareis, terminamos nuestro café a marchas forzadas y salimos disparados hacia “A Penouta” donde aún tuvimos la gran suerte de llegar a tiempo para poder filmar los últimos momentos de la captura del salmón. Lamentablemente yo tuve que verlo a través de los árboles desde la pequeña carretera que va paralela al río por la parte interior, ya que para mí era prohibitivo bajar por allí a pie de río.

Mi sobrino estuvo con el salmón prendido más de media hora hasta conseguir sacarlo. Era precioso aunque estaba bastante delgado, ya que un salmón de 78 cm. como este, en condiciones normales, debería haber pesado más de 5 kg. Según nos contó después Antonio Jr., nada más realizar el lance al lugar donde nosotros les habíamos indicado (ellos no lo habían visto aún) salió el salmón de detrás de una gran roca que hay en medio del cauce y tomó el cebo (quisquilla cocida) sin pensárselo dos veces.

La verdad es que es una experiencia fantástica y cada una es totalmente diferente a la anterior, ya que nuestro intercambio de felicitaciones hacia el “pescador” reflejaban una alegría inmensa, principalmente por haber triunfado en lo desconocido para nosotros. Me quedé en “El Tirín” con la esperanza de la llegada de algún otro salmón, cosa que, obviamente no ocurrió y si así fue, yo desde luego nada ví ni nada sentí en mi caña. Como el camino de regreso, después de un largo día de pesca, iba a resultar bastante cansado, decimos iniciar nuestro regreso hacia León sobre las 8 de la tarde, ya que nos esperaban 3 horas largas de coche y con eso no hay que jugar.

A PontenovaHay una pequeña anécdota que tal vez merezca la pena contarla, ya que no deja de ser nada más que una pequeña broma sin ninguna trascendencia. Cuando salíamos del restaurante y a su vez hotel donde habíamos dormido el día anterior, que por cierto nos trataron maravillosamente bien, comenté a la propietaria que volveríamos para despedirnos y así de paso enseñarle el salmón que, sin duda, íbamos a pescar. Me dirigió una mirada irónica que calificaba mi autosuficiencia y quedamos pendientes de pasar a despedirnos y así poder tomar una botella de sidra. He de confesar que yo estaba jugando con la ventaja de la llamada telefónica de mi hermano recibida hacía sólo un par de minutos y, desde estas líneas, sí que quiero pedir disculpas por esta broma que gasté. Cuando volvimos a despedirnos y le contamos nuestra historia se quedó notablemente sorprendida, pero después quedó reparada mi broma contándole toda la verdad de lo sucedido.

La verdad es que el río y su entorno son preciosos, pero los encontré excesivamente sucios y muy poco cuidados. En mi opinión, particularmente en el coto, y con una inversión de cuatro duros, se podrían hacer accesos y senderos perfectamente acondicionados. Creo con sinceridad que Galicia no se puede permitir el lujo de tener ese río así de mal cuidado y sucio.

Como nadie es profeta en su tierra y la historia ya me la sé pues en León sucede otro tanto de lo mismo, a ver si la voz de un leonés sirve para que alguien de la Xunta sepa valorar lo que tienen y adopten alguna medida para cuidar algo tan preciado y hermoso como es vuestro río Eo. No dejéis que suceda lo que en León, que hemos pasado de tener los mejores ríos trucheros de Europa, a tener unos cauces sucios y lamentables, llenos de todo, menos de truchas. No permitáis perder la riqueza de vuestros ríos y de vuestro paisaje. La pesca del salmón es algo sublime y aquellos deportistas que han tenido la fortuna de tener prendido en su caña un salmón, difícilmente se les podría apartar del río a pesar de que la Administración se empeñe en todo lo contrario. Por cierto, no vimos guardería alguna por el coto.

Así poco más o menos discurrió nuestro debut por el río Eo y, la lástima, es que cada vez se nota más la falta de salmones y a esto sí que hay que tratar de buscarle soluciones, ya que las críticas ahora ya no sirven para nada.

 

Texto y fotografías: Mael
 
Modificado el ( martes, 29 de junio de 2010 )
 
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