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Isla Blanca. Pescando a mosca en el Caribe (II) Imprimir E-Mail
Escrito por trasno   
viernes, 05 de diciembre de 2008

El día prometía ser algo más soleado y caluroso que la jornada anterior. Como entonces, Humberto nos esperaba en la recepción del hotel a las 5:30 de la mañana. Mi mujer y yo estábamos pagando los excesos del día anterior. Un tequila lleva a otro... y ya se sabe...

Antes de las ocho de la mañana estábamos ya en la marina, preparando todo el equipo. Esta vez Humberto me llevó un guante, tal y como le sugerí la jornada anterior. De no haberse acordado, tendría que comenzar a pescar con la mano en estas condiciones:

Ampollas

Embarcadero

Segunda jornada. Bajíos de la zona norte.

Embarcamos y, al contrario que la jornada anterior, tomamos rumbo al norte. Durante unos 20 minutos navegamos a toda velocidad hacia una zona en la que al parecer había mucho snook. Ese trayecto se me hizo eterno.

Mapa Isla Blanca

Cuando por fin llegamos pudimos comprobar que se trataba de una enorme planicie de menos profundidad que la del día anterior (a ojo diría que de entre 60 y 70 centímetros) que formaba un canal más profundo al borde del manglar de unos 4 metros de ancho y metro y medio de profundidad. Al poco pudimos comprobar que este canal era utilizado por los snooks como área de caza. Se movían en grupos de hasta cuarenta ejemplares patrullando el "sendero".

Esta vez Humberto me sugiere un mosca más realista.

Nos movemos propulsados por el mástil para avanzar lenta y sigilosamente. Humberto me recomienda evitar pescar al agua, ya que la superficie está totalmete lisa y reina una calma total que, junto con la claridad del agua y la desconfianza de estos peces, puede dar al traste con mis opciones.

Canal

No tardamos mucho en avistar el primer grupo a lo lejos, que avanza hacia nosotros lentamente. Hago un par de falsos lances y coloco la mosca metro y medio por delante de los primeros peces del banco. Algunos de ellos se espantan y los que quedan aligeran el ritmo. Al levantar la mosca salen huyendo despavoridos. "No, no... tienes que anticiparte aún más!" me dice Humberto. El tono en que me hablaba difería mucho de su calma habitual. Seguimos avanzando y vemos otro grupo de snooks en el canal. Misma operación y mismo resultado. Humberto empezaba a perder la calma y a mostrar que la fiebre de la pesca corría también por sus venas ya que, ante mi torpeza con estos peces, optó por sacar una pequeña caña de spinning de la cubierta del bote y, en custión de dos segundos ya estaba lanzando sobre el banco de snooks que huía. Recogió un pequeño pikie rápidamente y un buen ejemplar que emprendía la huída se giró ante esta supuesta presa fácil y atacó violentamente el señuelo. Tras un par de cabezazos y un espectacular salto fuera del agua, se soltó. "Tienes que trabajarlos más rápido, aunque estén huyendo, si presentas bien la mosca... atacarán". Esta era su forma práctica de enseñarme lo que me había explicado de forma teórica. Poco a poco iba asimilando el método y poniéndolo en práctica en los siguientes lances.

Pequeño snook

Cambio de mosca. Ato una más pesada que tiene una acción mucho más sugerente. Avanzamos. A los pocos metros el canal empieza a perder profundidad hasta casi desaparecer. Hace un sol de justicia, aunque para Humberto no deja de ser un día "fresquesito". Al rato veo otros 3 snooks acercándose. Lanzo a dos metros de ellos y el más pequeño parece interesarse por la mosca. La toma con suavidad y lo clavo. La pelea fué intensa para un ejemplar de su tamaño. Compruebo que estos peces merecen una jornada de pesca dedicada en exclusiva, pero no hay tiempo suficiente. Después de soltarlo, Humberto ve otro grupo al que yo no llego con la mosca. Es increíble la facilidad que tiene este hombre para localizar a los peces. Lanza su pikie, recogida rápida y clavada. Este lo saca. Es un bonito ejemplar que devuelve al agua. Apenas cinco minutos después vemos otro banco. La zona está repleta de snooks. Avanzan unos metros y desaparecen entre el mangle. Aún así, y siguiendo los consejos de Humberto, lanzo por delante de ellos, a la zona en la que supongo que asomarán la cabeza y dejo que la mosca se pose en el fondo, que en este lugar es de apenas medio metro. Espero unos segundos y veo que asoman la cabeza. Avanzan hacia la mosca y cuando están a apenas medio metro inicio una recogida enérgica ante la voz de Humberto, ya más tensa que de costumbre: "¡Trabájalo!", "¡jálalo!". El primero de ellos se abalanzó sobre la mosca, en cuanto esta se movió. Tras unos minutos de dura pelea y varios saltos espectaculares, lo subí al bote. No era un gran ejemplar, pero peces de este tamaño ya da gusto sacarlos. 

Snook

Snook

Aunque al principio me había llegado a desesperar por el nulo interés de los peces hacia mis moscas y el modo en que Humberto provocaba y conseguía clavar a esos mismos peces (que finalmente pude comprobar que se debía más a mi forma de pescar), ya había aprendido el método y durante la siguiente hora esa fué la tónica habitual. Lanzar muy por delante, esperar y recoger a la velocidad del rayo. No fallaba. Sacamos varios decentillos y otros tantos que se soltaron por el camino. Mi mujer también tuvo oportunidad de sacar un par de ellos de buen tamaño a spinning, con la caña de Humberto.

Peleando un snook

Decidimos tomarnos un descanso y desplazarnos hasta una zona en la que nos pegamos un baño refrescante. La temperatura del agua en esta parte del mundo es increíble y uno puede estar metido en ella hasta que se arrugue sin el menos síntoma de frío. Pasados unos minutos subimos al bote y comemos. Tras el bocata y la cerveza le comento a Humberto que quiero volver a probar con los tarpones, decisión que no fué muy acertada ya que hubiese sido una gran tarde de snooks a juzgar por las picadas de la mañana.

Nos desplazamos a otra punta, a unos 15 minutos de allí y, como es día anterior, comienzo a lanzar sobre el borde del manglar, pero ese tampoco era el día.

A la media hora localizamos un grupo de tarpones nadando fuera del manglar. Entre ellos había dos o tres de unos diez kilos. Lance la mosca muy cerca de ellos y uno de los grandes se inetesó por ella y la siguió durante cuatro o cinco metros, pero en el momento justo de tomarla, se giró. En el segundo lance se espantaron la mitad de ellos y el tercer lance lo hice por "si suena la flauta", ya que el grupo estaba en plena huída.

Tras los tarpones

Como el día anterior visitamos un par de lagunas interiores, pero el resultado fué el mismo: la imposibilidad de llegar a donde estaban los tarpones. Nos tuvimos que conformar con atravesar el manglar y ver como pasaban por debajo de nuestro bote. Una pena.

Viendo como estaba el panorama desistimos antes de tiempo, ya que la zona que pescamos por la mañana estaba demasiado lejos como para intentar los últimos lances de la tarde sobre los snooks, e intentamos imaginarnos cómo habría transcurrido el día en caso de habernos quedado en la zona elegida por Humberto para esa jornada... pero estas cosas son así. No quería volverme a casa sin intentarlo duramente. La jornada de pesca fué maravillosa y más relajada que la primera. Humberto, un tío majo que nos hizo el día mucho más ameno y nos sorprendió con su conocimiento milimétrico de la zona así como de Holbox, gran destino para los meses de verano, pero que pierde todo el interés a partir de septiembre para la pesca del tarpón ya que los grandes ejemplares típicos de la zona desaparecen en busca de aguas más cálidas. 

Tarpón

Volvemos al embarcadero encantados de la experiencia y prometemos volver. Mi mujer también se lo ha pasado en grande a pesar de no ser muy aficionada a la pesca. Para mí han sido dos jornadas maravillosas y he conocido un tipo de pesca que me ha encantado, hasta el punto de estar pensando ya en la próxima. Sin duda, una experiencia inolvidable que recomiendo a todo el mundo. Toca ahorrar unos eurillos y mentalizarse para la próxima.

Volveré para relatar una tercera parte. Prometido.


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Modificado el ( viernes, 05 de diciembre de 2008 )
 
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