La temporada de pesca de salmón se saldó con un balance aceptable, según Juan Antonio Lázaro Menéndez, gerente del Grupo de Desarrollo Rural del Bajo Nalón. En esta página repasa las cifras de la campaña y critica varias medidas, una de ellas el cupo de ocho salmones. La complejidad del mundo salmonero astur obliga a que cada año la crónica de la temporada de pesca sea más exigente con el escribiente, ya que la convergencia de intereses y agentes implicados en el tema es mayor. Ya no basta tan sólo con analizar las capturas y los capturadores, ahora toca buscar perspectivas sociales ajenas hasta hace poco a este mundillo, que con el paso del tiempo han restado protagonismo al salmón asturiano.
El volumen de capturas nos permite hablar de un año aceptable en términos generales, con un reparto más equitativo de salmones echados a tierra y sacrificados entre Narcea y Sella similar al de la temporadas pretéritas, en las que se pescaron menos de dos mil salmones. Si tomamos la media de capturas del período 1996-2006, obtendremos una cifra de 1.753 salmones, por lo que la presente temporada, con 1.949, se situaría ampliamente por encima de la misma. También es cierto que las dos temporadas precedentes superaron las capturas de la presente, con 2.686 y 2.042 respectivamente, pero en ambos casos asociadas a un buen año de Narcea y Sella, lo que puede hacernos infravalorar las cifras de 2007. El Narcea ha descendido en el número total de capturas, pasando de las 703 del año anterior a las 634 de éste, pero por segundo año consecutivo se ha revelado como el más productivo de todos y el Nalón ha descendido notablemente, pasando de las 121 del año precedente a las 22 del actual, motivadas por el alto caudal que el principal río asturiano presentó hasta mediados de junio. A la hora de hablar del Narcea, mención aparte merece el fallecimiento de un joven pescador vasco ahogado en el coto de La Llonga que colapsa cualquier tipo de noticia. Resulta vergonzoso que a día de hoy no se hayan tomado las medidas pertinentes para informar de las sueltas descontroladas del río y que se sigan permitiendo los desembalses aleatorios que hacen poner en riesgo la vida de los aficionados. El Sella ha incrementado notablemente sus capturas respecto a la temporada de 2006 con un total de 609 salmones, pero lejos de las cifras de años precedentes, que superaban los mil ejemplares, y el Cares sigue siendo esa eterna promesa que lo tiene todo pero que al final se contenta con cifras que se antojan lejanas para su potencial real, ya que los 345 salmones totales echados a tierra son una renta exigua. El Esva sigue sin devolvernos los millones de esguines que pueblan sus aguas en la cabecera en forma de estupendos salmones adultos, mientras que Navia y Porcía han incrementado sus capturas de manera razonable y el Eo ha demostrado una regularidad digna de ser tenida en cuenta. Para cerrar este análisis parcial de capturas deberíamos reflexionar acerca de lo que es un buen año salmonero, ya que si lo reducimos a las capturas sacrificadas perdemos perspectiva de futuro, puesto que para seguir teniendo buenos años lo que importa es lo que queda en el río y no lo que ya no va a desovar. El año pasado los salmones de Trubia o Belmonte de Miranda fueron el mejor garante de un futuro optimista y no los salmones que engrosaron cifras y estadísticas y que no estarán en las aguas de Sella, Cares, Narcea, Eo o Esva para completar su ciclo vital. Cambiando de tercio, hablando del cupo de ocho salmones por pescador, este año los tradicionales pichichis han tenido la pólvora mojada, como diría un clásico cronista futbolístico. Los que año tras año cerraban la temporada luchando por ser el más y el mejor esta temporada han tenido la mala suerte de no pescar casi ninguno de ellos ocho salmones, tal vez por el tiempo empleado adiestrando a sus esposas, hermanos, hijos, hijas, familiares cercanos y amigos, en el noble arte piscatorio, y que han resultado ser verdaderas clases magistrales en función de los resultados obtenidos por estos últimos. La proliferación de «deportistas de»É, «aficionados de»É e incluso de «aficionados sportinguistas», como datos identificativos dados en el precinto, sirven para darle un toque de humor a una situación que me genera hastío y desconsuelo. Es difícil demostrar que bastantes pescadores han quebrantado supuestamente la ley al pescar más de los ocho salmones permitidos, pero si tenemos en cuenta que en el año 2004 con 1.749 salmones capturados 40 pescadores hubiesen completado el cupo, con una cifra superior en el 2007, concretamente de 200 salmones, es curioso que oficialmente no lleguemos a escasamente una docena. Tal vez si estableciésemos un cupo que incluya familiares de primer orden, las cifras cambiarían pero nos quedamos con el consuelo de ver a la familia unida en torno a unas quisquillas, unos merucos y alguna mosca. Allá cada uno con su conciencia. El último tercio de esta faena escrita a modo de epílogo salmonero está dedicada a los gestores y sociedades de pescadores asturianas, que este año, por una u otra razón, han alegrado la temporada. Como en el contexto político nacional, la crispación ha colonizado los ambientes salmoneros astures. Por el Oriente ha surgido la oposición más dura a las medidas tomadas en las dos últimas temporadas, mientras que otras dos sociedades se disputan el mérito de haberlas puesto en marcha. El Narcea ha sido el escenario en el que se han enfrentado estas dos últimas en torno a una estación de alevinaje en el Aranguín, tributario del tramo bajo del Nalón, alegando unos que no es la ubicación más idónea para el desove y cría de esguines, ya que entonces no ascenderán por el río hacia la zona alta al hacerse adultos, y los propietarios de la misma evidentemente defendiéndola. No deja de ser chocante que los opositores a la actual ubicación del centro praviano hayan gestionado ya un centro sito en un tributario de la parte baja de otro río salmonero del oriente astur, posteriormente abandonándolo, y estén defendiendo la construcción de una piscifactoría en el tramo bajo del Eo, lo que resulta bastante contradictorio con lo que critican en el Narcea. Los datos están ahí y reflejan claramente que cuando hay agua los peces suben y cuando no, se quedan más por la zona baja, y de ahí los 122 del año pasado y los 22 de este año en el Nalón, junto con los del Piloña. El fin de la temporada salmonera coincide con la entrada del nuevo equipo de Gobierno autonómico, en el que la anterior viceconsejera de Medio Ambiente pierde el prefijo y pasa a ser consejera de Medio Ambiente y Desarrollo Rural, lo que denota satisfacción plena en el trabajo desarrollado. A Belén Fernández y su equipo les toca consolidar lo iniciado junto con Cristino Ruano, ex director general de Recursos Naturales y Protección Ambiental, en gestión piscícola, además de seguir con otras nuevas tareas de destacada importancia, pero ya cuentan con un bagaje y aprendizaje previo que jugará a su favor. Con todas estas viandas empezamos a cocinar la temporada venidera, en la que no valen dudas ni recesos, y si el cupo de 8 salmones fue cubierto por apenas una docena de personas, el éxito de la medida es parcial, por lo que se hace necesario bajarla a 6 para que se demuestre verdaderamente efectiva, el tramposo cae en su propia trampa. Pero el tema del cupo es sólo una parte ínfima de lo que queda por hacer, ya que peces y río necesitan trabajo y sacrificio, aunque parece que sólo estamos pensando en pescar más. Ahora sólo queda esperar el milagro de fin de año y disfrutar de truchas, reos y salmones desovando por toda Asturias, que por esta temporada la cosa se va acabando para los anzuelos. Fuente: www.lne.es |