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La
catarata de los 120 metros
No lejos del río Soca, en la ladera de una
alta montaña se podía ver una espectacular catarata que parecía surgir
directamente de su interior. No parecía fácil acercarse hasta el pie de la
cascada, pero aun en la lejanía se podía intuir un salto de agua grandioso, al
lado del que un humano no sería mucho mayor que una hormiga.
Catarata cerca del Soca
Bled
Quiero que
admiréis una de las vistas más famosas que pueden disfrutarse desde la ciudad
de Bled, ya citada cuando pescamos en el
Sava Bohinjca. Se trata de una isla que está situada en medio del lago
Bled, que baña la lujosa villa. Sobre el
fondo de los alpes julianos, podéis ver la iglesia solitaria ―dedicada a una Virgen― que domina la isla.
A la izquierda de esta isla, en la otra orilla del lago, desde donde estábamos podíamos divisar el castillo de Bled, construido en lo alto de un farallón de 130 metros de altura. Sin duda esta hermosa ciudad ―lugar de veraneo de la aristocracia europea durante mucho tiempo―de postal; ésta es la idea que primero se le ocurre a uno cuando la ve por primera vez. posee unas vistas.
Isla del lago Bled
Detalle de la isla
Castillo de Bled
La comida eslovena
A juzgar
por la comida que nos pusieron en el hotel donde pernoctamos ―el cocinero tenía buena mano―, la cocina de allí
muestra una cierta influencia de la italiana: abundancia de salsas muy
especiadas ―con predominio de la pimienta, que es más bien
centroeuropea― y uso del queso como aditivo para casi todo. Dada
la abundancia de bosques húmedos que hay en el país, los eslovenos hacen unas
sopas de setas exquisitas, en las que domina el aroma del Boletus edulis.
No encontramos pescado fresco en el menú del hotel ni en los
supermercados donde nos avituallábamos para los almuerzos, pero nunca faltaba
un plato de carne, cocinada en diversas formas y acompañada de distintas
salsas… con el inevitable queso, ante el que el arriba firmante siente una
profunda aversión. Nadie es perfecto.
Mención especial merece la bandeja de carnes que nos pusieron cuando
comimos en la zona de los kayaks ―cerca del río Soca,
¿recordáis?―, allí donde atendía la camarera de tan grato
recuerdo. Aquella bandeja, de unos setenta centímetros de longitud y provista
de variadas carnes, no se la saltaba un gitano. Menos mal que era una ración
para cuatro, pero, aun así, resultaba imponente. Está claro que los eslovenos
deben de ser grandes carnívoros…
CONCLUSIONES
Todo se
termina algún día, y hasta aquí hemos llegado con el relato de la aventura
eslovena de cuatro magníficos locos por la pesca de salmónidos. Personalmente
echo un poco de menos el punto de vista de los que, como viajeros más
veteranos, compartieron conmigo esta expedición. Bueno, su punto de vista ya me
lo han dado de viva voz; quiero decir que me gustaría verlo reflejado en esta
pequeña crónica, pues tal vez difiera del mío una vez escrito.
Sea como fuere, les he oído decir el último día que los objetivos del
viaje estaban cumplidos, ya que se trataba de pescar truchas marmoratas y pasarlo
lo mejor posible. Con todo, coincidimos en la sospecha de que no hemos viajado
en la mejor época para los ríos eslovenos: el deshielo aún no había terminado
del todo, la bichería acuática no manifestaba su presencia de una forma
palpable ―sobre todo en los serenos, casi inexistentes―, y los peces no mostraban una gran actividad. Tal vez si hubiéramos
ido entre mediados de julio y mediados de agosto, las cosas habrían sido muy
diferentes.
Todos sentimos una gran desilusión cuando pescamos las primeras truchas
arcoiris muñonas, pero mucho me
temo que el pescador que desee ir a esos lugares míticos donde la pesca se ha
convertido en un negocio, ha de asumir el riesgo de toparse con cosas así… o
aún peores.
Es muy posible que si hubiéramos conocido las condiciones reales de la
pesca en la zona de Tolmin, habríamos ido a otro lugar. El predominio de las
truchas de caldero y la relativa escasez de marmoratas y tímalos nos
habrían echado atrás.
Durante nuestra estancia pudimos escuchar al dueño del hotel mientras
informaba por teléfono a un posible cliente. Le decía que había trucha
arcoiris, marmorata y tímalo, pero no entró en detalles sobre la abundancia y
la clase de esos peces.
Todos comprendemos que, si se quiere hacer negocio con la pesca ―a cincuenta euros el permiso diario―,
hay que llenar el río de peces fáciles con los que puedan hacer buena labor
incluso los pescadores principiantes. Los peces salvajes no comen durante todo
el día, son desconfiados y no permiten al pescador cometer más de un error;
especialmente los que viven en zonas muy pescadas. Pero nosotros ―insisto― no buscábamos peces fáciles, acostumbrados como
estamos a pescar en ríos que tienen pocos peces, y encima resabiados. Con todo,
creemos que en unos ríos tan fantásticos como los eslovenos se podría hacer una
mejor política de gestión de la pesca. Por ejemplo, no comprendemos cómo
pusieron el acento en las truchas arcoiris de caldero teniendo la
posibilidad de reforzar las poblaciones de marmoratas y tímalos, que allí son
peces autóctonos. En realidad, la política pesquera eslovena sería ilegal en
España.
No dudo de que en Nueva Zelanda o en algunos lugares remotos ―tengo un amigo que dentro de poco irá a pescar a las fuentes del
Yenisei… ¡con una cuadrilla que hará el
tercer intento de encontrarlas!― aún se podrán pescar grandes truchas y tímalos
totalmente salvajes, pero esto es cada vez más difícil en Europa. Los
pescadores de salmón tienen el consuelo de que los peces que pescan son
salvajes y proceden del mar en cualquier río donde los pesquen; pero los
pescadores de truchas no somos tan afortunados, y muy bien pudiera ser cierta
la afirmación del escritor Emilio Fernández Román: “Posiblemente seamos la
última generación que pesque tal como se hizo siempre”.
LOS MATERIALES
Las cañas
Todos
llevamos cañas para líneas ligeras y muy ligeras, pero estas últimas no las
hemos usado. Así pues, predominaron las cañas de 8,5 a 9 pies para línea 4, con
las que lanzamos toda clase de señuelos medianos y pequeños, incluidos los
estrímeres.
Las moscas
A lo
largo de los seis días de estancia en Eslovenia usamos moscas ahogadas, secas,
ninfas y estrímeres. Buscamos a las arcoiris que se refugiaban en los pozos del
Idrija con estrímeres y ninfas de cabeza dorada bastante pesadas, pero en los
ríos pequeños triunfaron las moscas secas y las ahogadas leonesas. La mayoría
de las capturas con seca fueron hechas con moscas más bien grandes: Santi usó
con éxito una mosca de cuerpo extendido con ala única de organza perfilada con
un quemador, y Alberto pescó buenos peces con una Royal Wulff. Me
maravillaba la habilidad de la mosca de Santi para posarse en el agua siempre
con el ala levantada. A pesar de su notable tamaño ―aproximadamente
un #12―, no rizaba el bajo de línea y navegaba por la corriente con un aspecto
muy natural: era casi imposible distinguirla de una mosca real.
También mis tricos con ala de pluma de perdiz roja pescaron, junto con
ahogadas leonesas de buen tamaño.
En lo que atañe a mi experiencia, sólo los tímalos mostraron afición a
las moscas pequeñas y muy pequeñas, pero otros colegas los capturaron con
moscas grandes. Santi usó toda clase de moscas para capturar truchas en el Sava
Bohinjca, y en las corrientes más impetuosas del Soca optamos por moscas en las
que primaba la flotabilidad.
En general, pescaron más las moscas secas grandes que las pequeñas, y
quedó demostrado que los peces eslovenos no eran demasiado selectivos respecto
a las moscas o al tipo de montajes. Sin embargo era importante la presentación:
en aquellas aguas cristalinas había que huir del dragado como de la peste. Creo
que los frecuentes rechazos que se producían, eran debidos al dragado más que a
la desconfianza de truchas y tímalos.
La variedad de moscas que estaban a la venta en la tienda de Bled ―véanse más abajo fotos de algunas―, indica que cualquier
mosca puede ser eficaz en aquellos ríos; por lo tanto, cualquier mosquero que
lleve una razonable representación de moscas pequeñas, mediamas y grandes ―tanto secas como ahogadas―, podrá tener éxito. Será
bueno, eso sí, que lleve también sus útiles de montaje y algunos materiales
básicos.
Ritrogena (o-lo-que-sea)
Plumero de plumón de cdc.
Alas delicadas
Díptero
Redíptero
Trico
raro 1
Trico raro 2
Trico raro 3
Las
técnicas
En el hotel vimos a pescadores italianos que montaban allí mismo sus
estrímeres. Estos pescadores debían de ser clientes habituales, y parecían muy
acostumbrados a pescar en el Idrija. Alberto pudo asistir a una lección
magistral de manejo del estrímer en Dolenja Trebusa, cerca de la desembocadura
del Trebusica. Mientras que nosotros lanzábamos nuestro estrímer y lo íbamos
recogiendo a tironcitos, uno de aquellos pescadores usaba un señuelo mucho más
pesado que el nuestro ―un estrímer blanco―; lo
lanzaba de través aguas abajo y dejaba que la corriente se lo llevara mientras
ganaba profundidad. Cuando el estrímer estaba lo bastante lejos y profundo, lo
iba recuperando lentísimamente con tironcitos muy cortos, apenas perceptibles…
¡y sacaba una trucha tras otra!
Las técnicas de pesca con mosca ahogada, tanto aguas arriba como aguas
abajo, dieron buenos peces. Los ríos Idrija, Soca y Sava se prestan muy bien a
la pesca con ahogada aguas abajo, y el Sava es perfecto para hacerlo aguas
arriba. Muchos pescadores centroeuropeos pescan el tímalo exclusivamente aguas
abajo con cualquier tipo de mosca o ninfa; los españoles estamos más
acostumbrados a pescar aguas arriba, tal vez porque la pesca con mosca aguas abajo
es una asignatura que nos hemos saltado.
Los ríos eslovenos poseen muy buenas posturas para pescar a la checa
con cabezas doradas. Los tímalos grandes están ahí: en las corrientes violentas
y profundas y, a veces, una ninfa pesada es el único medio de llegar a ellos.
La densidad de peces ―en su conjunto― que pueblan estos ríos es tal, que cualquier pescador con un mínimo de
habilidad podrá hacer capturas usando la técnica que más le guste. En ocasiones
puntuales encontrará peces selectivos ―es el caso de los
tímalos― que le exigirán alguna mosca determinada en cuanto al tamaño; pero, en
general, es posible pescar con cualquier mosca y con cualquier técnica. No
obstante, dejadme que os diga una cosa: una de las características que
distinguen a un pescador normal de uno bueno, es su capacidad para saber elegir
la mosca adecuada en el momento oportuno.
En los tramos sin muerte es obligatorio pescar con una sola mosca y
anzuelo sin arponcillo. Esta norma impide el uso de tándems, a los que
tan aficionados son muchos pescadores.
Antes del viaje, Santi se mostraba preocupado ante la perspectiva de
tener que enfrentarse a unos ríos con un agua que en realidad era aún más
transparente de lo que esperábamos. Sin embargo, los peces sólo se asustaban
cuando cometíamos imprudencias que también habrían asustado a los peces
gallegos, que viven en unas aguas mucho más oscuras. Por lo demás, las
distancias de lanzado no fueron muy diferentes de las de aquí: si uno sabía
aproximarse a los peces sin espantarlos, podía acercárseles mucho, y no fueron
infrecuentes las capturas a punta de caña y a pez visto.
Para concluir esta crónica diré que ha merecido la pena el viaje,
haciendo salvedad de algunas capturas que habríamos podido hacer en el coto sin
muerte de O Carballiño sin tanto dispendio económico… pero en un ambiente muy
distinto.
Texto y fotografías: Anduriña Viaxeira
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