|
Sobre las 8 de la mañana salimos de Villalba, al no conocer el río, ni
sus posturas decidimos no darnos un madrugón ya que pensamos que podría
ser peligroso pescar con poca luz en un río desconocido.
La verdad es que fue curioso que nada más llegar, después de poner
nuestros vadeadores, ya teníamos a la guardería a nuestro lado,
comprobando que nuestras licencias y permisos estaban en regla.
Uno de los guardias, se ofreció a aconsejarnos las mejores zonas del
coto, animándonos a probar suerte en esas zonas calientes del coto,
donde ellos comprueban que paran a descansar los salmones recién
llegados.
Mientras Gema y su primo se decidieron a probar fortuna con la
cucharilla en el puesto roto, yo subí un poco más arriba, al famoso
puesto de Penedo, donde salen la mayoría de los salmones que se pescan
en ese coto.
Mi inexperiencia en la pesca del salmón a mosca me hizo dudar bastante
a la hora de empezar, ya que las dudas sobre la línea y mosca a emplear
fueron muchas. Finalmente me decidí por emplear una línea flotante y
una mosca de tubo en tonos naranjas.
Los primeros "spey" fueron bastante escandalosos, pero en cuanto le tomé
pulso a la caña y la línea ya empezaron a salir mucho mejor, en cuanto
llevaba un rato lanzando sin tener picada decidí a probar con la línea
intermedia. En el segundo lance, tras hacer una corrección para dejar
que la línea llevase la mosca a la vena de corriente donde habíamos
visto bañarse a un salmón, empecé a recoger y noté un
tirón bestial, al que respondí clavando al pez, pero en la primera
carrera este se soltó. Nunca había experimentado nada parecido con una
caña en la mano, la verdad es que la picada de este pez es brutal.
Con las piernas temblorosas doy un suspiro mientras los guardias y mis
compañeros me acompañaron con un “¡huy!” que aún casi estoy oyendo.
Llega otro pescador y le cedo amablemente el puesto para que le de
unas pasadas con la cucharilla, pero parece que los salmones están de
no, el día está oscuro y tiene pinta de agua, por lo que decidimos
comer por si se nos ponía a llover y nos arruinaba el picnic.
Terminada la comida, nos acompañó amablemente a ver el coto Paco
Hervella, bajamos hasta el límite inferior e intenté unos lances en
Venezuela, desde el islote que hay en medio del río, pero el agua está
demasiado tranquila allí para trabajar con la mosca. Lo intentan mis
compañeros con la cucharilla, con el mismo resultado.
Un poco más tarde decidimos volver a la parte alta del coto y vuelvo a
poner una mosca de tubo, pero esta vez con una línea hundida,
intentando buscar los salmones bajo el agua sin resultados. Mientras
cambio de lugar siento jaleo en el Penedo y veo que el señor que de
mañana lo intentaba con una cucharilla tiene prendido un salmón con una
caña de cebo, tras una buena pelea el pez se rinde y lo echan a tierra. Tras las fotos y las pertinentes felicitaciones de todos los que allí estábamos, se
marchan con su pez.

Es entonces cuando aparece un chico conocedor del coto que aconseja a
Gema e Isauro donde buscar los salmones. Hacía unos días que había
quedado segundo en el Concurso Internacional del Salmón.
Sigo intentando con la mosca con cambios de moscas y tamaños, mientras
Gema se agarra a la caña de cucharilla cambiamos nuestros puestos, y
decido volver a la línea flotante y colocar un hitch, que no es más que
una mosca que se comporta como un risco y provoca el ataque de los
salmones, aunque aquí no es demasiado utilizada. En la segunda pasada
del hitch, pegadito a las hierbas, una enorme boca asoma del río
intentando atrapar mi mosca, aunque no lo consigue, repito el lance
durante unas cuantas veces, decido cambiar de mosca, y le pido al amigo
Hervella un bomber. Mientras Paco va al coche por la mosca, dejo a
Gema que lo intente con la cucharilla, y al cuarto lance su caña se
empieza a doblar y vemos platear en el fondo del río... tiene prendido un
salmón. Tras una breve pelea con saltos y carreras, el pez se empieza a
rendir y me acerco a ella para meter al pez en la sacadera en cuanto lo
tengo a mi alcance.
Es su primer salmón, nunca antes había pescado ni siquiera un reo y decide precintarlo.
Nos acercamos al centro de precintaje y comprobamos que el salmón mide 74 cm. y da un peso de 4.050 gramos.
Tras precintar el pez, Pepe, uno de los guardas nos enseña las
instalaciones y vemos cómo funcionan la escala y el capturadero. La
verdad es que el trato de la guardería del Ulla es excepcional.
Ahora toca esperar que el sorteo del año que viene sea tan bueno como este año y podamos repetir.
Texto y fotos: free
|