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Lucios difíciles PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Tomy   
sábado, 20 de enero de 2007
ImageEn este reportaje, el autor propone una intensa actividad al aficionado, que buscará a sus presas de manera exhaustiva en los lugares más recónditos, el los sitios menos pescados, por encima de cualquier dificultad.

 

 

 

El lucio es uno de los peces más vulnerables a la pre­sión pesquera debido a su carácter impulsivo, voraz y territorial. Tampoco le ayuda el hecho de mostrarse tan vulnera­ble en época de freza alrededor de las orillas. Así, las grandes concentraciones de pescadores que no suelten sus capturas pue­den prácticamente acabar con una buena población de esócidos.

No es extraño en­contrar cabezas de lucio, hileras de cañas a pez vivo y otras "burradas" en muchos ríos españoles. Pe­ro los lucios casi siempre aguantan y cuando se les deja descansar un poco, vuelven a colonizarlo todo. De hecho, provincias como Zamora, práctica­mente han desistido de conti­nuar con los descastes de an­taño por su inutilidad.

En casi todos los ríos hay zonas completamente inac­cesibles, y otras que, con un poco de picardía, esfuerzo, o las dos cosas, podre­mos pescar con muy buenos resultados. Éstos son los lugares que esconden los lucios como si fueran tesoros, sitios que se mantie­nen tranquilos, y que guardan gran­des ejemplares que se reproducen año tras año sin que nadie pueda hacer nada por impedirlo. 

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BARRERAS EVITABLES.

En muchas ocasiones lanzamos en las posturas que vemos más cómodas y desecha­mos otras por estar tapadas por zarzas, juncos o árboles sumergidos.

Si somos pacientes e invertimos unos minutos en podar unas ramas, prospectar la firmeza y la profundi­dad de un sitio o abrir un pasadizo entre las espinas, es muy posible que lleguemos a tramos del río muy poco pescados, donde los peces estén mu­cho más confiados. La espadaña, por ejemplo, va creando un sedimento a base de las hebras que se van secandoy pudriéndose cada año. Esto, sumado a las hojas que vayamos aplastando ba­jo nuestros pies pueden permitirnos crear caminos relativamente firmes, que iremos perfeccionando jornada tras jornada. Cuando lleguemos al borde del agua podremos hacer lances paralelos de esos que le encogen a uno todo el cuerpo.

Otras veces lo que frena a la gran masa de pescadores es la lejanía de un tramo respecto de las carreteras que lo rodean; si analizamos bien mapas de diferentes escalas, veremos zonas de difícil acceso por el estado de los cami­nos, o por el simple hecho de requerir una buena caminata. Tomando como base una reconocida cuenca luciera, podemos adivinar puntos "calientes" con un mapa y unas cuantas jornadas de referencia.

Hay que tener muy en cuenta la gran resistencia de los lucios a la con­taminación, tanto química y orgánica, como acústica; podremos hacer "pes­catas" muy buenas en lugares cerca­nos a poblaciones o fábricas, debajo de puentes, o en sitios frecuentados por el ganado.

Otra cosa que he observado es que el efecto llamada entre los pescado­res juega un papel importantísimo en las poblaciones (le lucio; si se corre la voz de que en un lugar salen buenas piezas, todo el mundo acudirá allí en masa, y esta situación, seguro, no du­rará mucho.

Una de mis mayores prioridades pa­ra pescar y disfrutar es hacerlo solo, en lugares en los que no haya nadie, ni se encuentren muchos restos humanos.

Numerosas zonas de pesca se con­sideran esquilmadas y nadie acude a ellas. Son sitios que pueden estarse re­cuperando año tras año sin que nadie lo sepa. Prestad atención a esto.Image 

En nuestro afán por vadearlo todo debemos tener mucho cuidado con las bajadas bruscas de profundidad y con los fondos cenagosos que nos pueden deparar sustos desagradables. Las zo­nas de cortados muy pronunciados y terraplenes de gran desnivel son sin duda la mayor tentación del buscador compulsivo de lucios, pero deben ser descartadas del todo, ya que una caída en un sitio profundo y enmarañado, con bo­tas altas o vadeador puede resultar fatal. Es imprescindible arriesgar y poseer cierto espíritu aventurero, pero es aún más importante cono­cer nuestros límites y los peligros que existen en este tipo de pesca.

 

SEÑUELOS Y ESTRATEGIA.

Cuando llego a un lugar encajonado entre la maleza, o que por sus características presenta unas expectativas superiores a un puesto "normal", hago los prime­ros lances a las zonas por las que voy a moverme, ya que así, después, cuando estemos vadeando, no espantaremos a peces que podríamos haber pescado. Da mucha rabia. 

Una vez hechos los "lances de segu­ridad", como yo los llamo, nos mete­mos muy despacio en el agua, todo lo que podamos. No está de más esperar unos minutos inmóviles para que se diluyan las ondas que hemos creado en el agua. Es importante, a partir de este momento, permanecer lo más quieto posible, ya que así los lucios no repararán en nuestra presencia. Me ha sucedido en varias ocasiones, al sacar el señuelo del agua, que apareciera de sopetón un lucio debajo mío y se pu­siera a dar vueltas a mi alrededor, bus­cando esa presa que se le ha escapado. En estos casos hay que estar tranquilo y no hacer movimientos bruscos, ya que un lucio frenético tiene todas las de perder. Si nos mantenemos serenos lo pescaremos.

Para estos primeros contactos con un sitio "de oro", utilizo casi siem­pre streamers muy ligeros y con acabados realistas, que se posen de manera muy natural, y que tra­bajen extremadamente despacio, para no alterar la calma del lugar. Es imprescindible dotar de anti­algas nuestros montajes para es­cudriñar cada apostadero y poder arriesgar al máximo en nuestros lances. De esta forma pescaremos lucios activos y moveremos a los más perezosos, que serán conven­cidos con otros señuelos. 

ImageEl pelo de conejo es irresistible para el esócido, ya que despierta su instin­to cazador; por otro lado, el tinsel, el flashabú y otros materiales llamativos además de representar comida pue­den irritar extremadamente al lucio, consiguiendo ataques más violentos. Muchas veces el objetivo de los peces es expulsar a un intruso de su territorio, con lo que se limitan a golpear estos señuelos con el hocico sin que consigamos clavarlos. Lo mejor es ni siquiera intentarlo, ya que si llegamos a pincharle por fuera, podemos llevar­nos un simple revolcón y la certeza de que ese lucio no volverá a picar en un tiempo. Es el momento de recurrir a cangrejos de vinilo, minows, shadows... en fin, vinilos sin plomar, que imiten de manera realista a las presas del lu­cio. Con esto consolaremos a lucios enfurecidos con un suculento plato, que no dudarán en engullir con total decisión. 

Después de haber peinado cada esquina a nuestro alcance, es conve­niente intentar llegar a las zonas más lejanas con spinnerbaits, y vinilos de mayor tamaño. En este punto recu­rriremos a señuelos más grandes, más pesados, pero con algún sistema anti­enganches, y a ser posible que posean anzuelos simples, evitando siempre que se pueda las poteras.

Para poder acceder a partes más lejanas y escondidas bastará con hacer pequeños movimientos dentro de nuestra zona de acción y así ganar nuevos ángulos. 

Por último, antes de irnos de un lu­gar, pescaremos al agua cubriendo las zonas centrales de la poza o tramo del río. Si damos con algún lucio en aguas abiertas probablemente se encuentre muy activo, con lo cual no será preci­so tanta delicadeza en las técnicas. En estos momentos los engaños más indi­cados serán los que muevan más agua, como las grandes cucharillas con lana roja (infalibles), los rapalas articulados, cucharas ondulantes, spinnerbaits, pikies de goma y demás señuelos que reúnan estas características: Deben pescar de­prisa, deben tener más peso para ser lanzados más lejos, deben ser muy vi­sibles, y a ser posible, audibles. 

Antes de irnos de una postura que hayamos abierto nosotros es muy útil tener en cuenta todo lo que nos ha es­torbado en la acción de pesca y eliminarlo en vistas a la próxima jornada. Ya hemos pescado en el lugar y ahora podemos hacer todo el ruido que queramos. Podemos podar esas ramitas que nos fastidian todo un abanico de lances, podemos limpiar cierta ma­raña que no nos dejaba avanzar más, podemos quitar ese tronco con el que hemos enganchado varias veces, y po­demos intentar recuperar los señuelos perdidos; en fin, es como decorar una casa para que esté a tu gusto. Con esto no digo que haya que hacer un destro­zo, al revés, hay que dejarlo todo como lo encontramos sin causar esos males que tanto criticamos. Hay que ser muy respetuosos con el medio y con sus ha­bitantes. Es fundamental. 

 

ImageLOS LANCES Y EL EQUIPO.  

Pescando en lugares tan enmarañados como los que describo, se hace imprescindible ampliar la gama de lances, ya que las situaciones serán como mínimo, di­fíciles. De hecho lo más habitual será dejar la caña de mosca en el coche y proceder con equipos de lance ligero. Nos será de gran utilidad el lance a ba­llesta, los pendulares y demás variacio­nes que cada uno desarrolle, teniendo presente que la pesca es algo que se lleva dentro y que cada uno persona­liza, y teniendo más presente aún que en absoluto está todo inventado, y que nuestro deporte tiene los límites que cada uno le pongamos. 

Normalmente uso cañas no exce­sivamente rígidas para imprimir más vida a los streamers, pero tampoco muy blandas para poder afrontar peleas con lucios de buen tamaño en espa­cios reducidos. Recomiendo cañas que no excedan los 240 cm. de longitud y que posean una acción de 20 a 40 grs., aproximadamente.

El grosor del hilo oscilará entre el 0,28 y el 0,30; ni más ni menos, ya que debemos tener en cuenta el reducido peso de los señuelos que usaremos y la posibilidad de cobrar grandes pie­zas que "volarán" hacia los obstáculos cuando se sientan prendidas. Con res­pecto al nylon, decir que, con un 0-28 podremos lanzar todo tipo de señue­los destinados a la pesca con cola de rata a una distancia más que suficientepara los sistemas que explico en este artículo. No recomiendo el uso de hilo trenzado, ya que a pesar de las contun­dentes clavadas que conseguiremos con éste, su nula elasticidad reduci­rá el efecto de los streamers y vinilos, además de ponernos en una situación delicada ante las primeras embestidas del lucio y sus últimos cabezazos.

Los carretes deben poseer frenos muy precisos ya que las picadas del lucio son violentas y el hilo que usamos no es excesivamente grueso. Deben ser fuertes y ligeros, ya que cubrire­mos grandes distancias con ellos, los sumergiremos en ocasiones, se gol­pearán, y otros lances propios de la aventura.

• Los cables de acero van a gusto del consumidor, ya que cada material tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Lo más importante es que nunca sean inferiores a los 25 cm. No debemos es­catimar en fa longitud de los mismos, ya que al pescar tan despacio, los lucios tragarán mucho los señuelos que les' presentemos. Por eso nunca estará de más usar cables de 30 cm. o más.

Las gafas. El lucio puede atacar a nuestro streamer y, por su movimiento endemoniado, no percatarnos. Re­comiendo modelos no muy oscuros porque los sitios que describo, habi­tualmente, serán sombríos.

Por último aconsejaros llevar unas pinzas desanzueladoras largas. Debido a la textura agradable (le los vinilos y streamers, los lucios tragarán sin pie­dad, y con tinos alicates de toda la vida no siempre podremos desanzuelar correctamente.

La pinza-báscula de Rapala será muy útil; en el caso de dar con un gran "pato", nos ayudará inestimablemente en el momento de cobrarlo.

Aunque ya somos mayoría los pes­cadores que devolvemos todo lo que pescamos al agua en las mejores con­diciones posibles, sigue habiendo gen­te que no procede así; desde aquí les animamos a que se reciclen.

Texto: Tomás Pellicer Vazquez
Modificado el ( sábado, 27 de enero de 2007 )
 
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