La presentación ideal conlleva algo más que una deriva natural. La visión o intuición del pez parece percibir la fina unión que, a través del bajo, conecta nuestra mosca con el resto del aparejo.
Evitarlo es muy fácil, el pescador tendrá que presentar aguas abajo y variar el
orden tradicional de la presentación aguas arriba en la que mosca
aparece sobre el cono de visión, normalmente en último lugar y cuando
el bajo o la línea han pasado por su cono de visión.
No hay la menor duda de que muchos iniciados pueden presentar correctamente una mosca aguas abajo lanzando aguas arriba, pero en pesca práctica no se consigue siempre. La construcción del bajo, el viento, el tamaño de la mosca, o el movimiento de la caña, pueden variar la posada sin conseguir el objetivo.
Con una presentación lateral es mucho más fácil, las opciones aumentan al poder presentar la mosca aguas arriba y en línea con el pez, esperando que la deriva nos la lleve hacia la trucha. Pero aún así, existe el peligro de un dragado que disminuye, generalmente, a medida que la posición del pescador se sitúa aguas arriba de la posición del pez.
Creo que presentar aguas arriba es una costumbre, creemos que las truchas lo ven todo a su alrededor con la excepción de lo que les llega por detrás, y no es así. Tal vez deberíamos comenzar por explicar como y que ven las truchas, o lo que sienten, pero ese no es el fin de nuestro trabajo. Seguro que si están interesados encontrarán excelentes trabajos sobre el tema, mejores y más documentados de lo que un pescador puede ofréceles. No obstante, como pescadores hemos observado que en muchas ocasiones las truchas se han cebado muy cerca de nosotros, incluso una vez que las hemos sobrepasado, lo que nos demuestra que la vista y el resto de sentidos no lo son todo, que pueden quedar total o parcialmente anulados por el medio en el que se encuentran, volumen de agua, corrientes, vegetación, etc. Si a esto le unimos la discreción del pescador y un poco de sentido común, presentar nuestras mosca aguas abajo será muy fácil.
Mis primeras experiencias presentando aguas abajo fueron hace muchos años, cuando aún madrugaba para pescar con caénidos mi querido Tormes. Anzuelos del 20 o del 22 (caénidos) atados a nylons del 14 o del 16 eran sin duda un mal conjunto para pescar aguas someras, pero hace veinte años los nylons del 10 y del 12 eran para 700-900 gramos y las truchas los partían contínuamente o se perdían entre la maraña de vegetación de un río regulado.
Aprovechando la cadencia de las subidas, una pesca que por entonces ya tenía muy clara, y harto de ver como flotaba y se veía la “soga del 14” que llevaba por punta en mi bajo, decidí, creo que por casualidad y como última solución, presentar aguas abajo. Desde entonces he pescado en muchas ocasiones aguas abajo, pero sin contrastar de forma fidedigna lo que hubiera pasado si lo hubiera hecho aguas arriba.
Este año tuve la oportunidad de comparar las capturas pescando aguas abajo y agua arriba y hacerlo como quería, sobre aguas con una buena cantidad de truchas y tímalos, de los que siempre oí decir que eran más escrupulosos que las truchas con el tema de la presentación. Y no fue labor de un día, lo fue de una semana y de dos pescadores, usando los mismos tiempos y tramos. En una palabra, dentro del poco método que se puede usar en pesca, lo hicimos lo mejor que pudimos.
Las diferencias fueron notables, más bien diría que muy notables y se establecieron desde el primer momento. Quien pescaba aguas abajo, ganaba siempre, haciendo una proporción de 10 a 3 si eran tímalos, y de 10 a 5 si eran truchas, sobre el pescaba aguas arriba. Remontando, la captura de tímalos era un fracaso, solamente aparecían truchas, lo que me recordó lo que había escuchado sobre la selectividad de uno y otro pez. Pienso ahora, y me estimula como pescador, que las pocas capturas de tímalos que se realizaron aguas arriba debieron ser con presentaciones muy, muy buenas.
Presentar la mosca primero no conlleva importantes cambios, el más importante es localizar las aguas apropiadas y cambiar la actitud del pescador. Comenzar a bajar un río rompe con muchos años de tradición y el pescador no se encuentra a gusto, le falta adaptación. Pero es la comodidad que proporciona la experiencia, lo que primero que observamos. Apenas sufrimos fatiga, el agua nos ayuda en el descenso y la línea carga nuestra caña de inmediato, reduciendo a la mitad los falsos lances y secando más rápidamente nuestra mosca.
El aparejo no sufre cambios, se puede pescar exactamente igual, aunque no necesitaremos bajos tan largos. Pescando aguas abajo, el bajo de línea debe seguir las órdenes del pescador y un bajo demasiado largo no se controla con facilidad. Hay igualmente un corto período de adaptación a las nuevas tácticas, cuyo principal dato es que la mosca debe situarse aguas arriba del pez para descender hacia su cono de visión. Y es aquí donde nos encontraremos con la primera variante y clave
de la pesca en descenso, crear línea floja. Ni la línea ni el bajo
deben estirarse, todo lo contrario, deben quedar plegados cerca del
pescador para que la corriente los haga descender hasta el pez y el
pescador pueda realizar fácilmente los mendigns necesarios.
Pero no siempre podremos o tendremos que pescar justo aguas abajo. Sobre los laterales nuestra presentación puede ser tan correcta como en el caso anterior, siempre que dejemos cierta cantidad de línea floja a nuestros pies que enmendaremos dependiendo de la posición en la que se encuentren pez y pescador. Conseguirlo conlleva dos grandes secretos, pescar en corto, tan corto como lo permita el medio y con un poco de práctica.
Aunque
mucho más sencilla que realizar que la pesca aguas arriba, la
presentación aguas abajo tiene sus inconvenientes, los ríos de cauce
estrecho con corrientes de aguas bajas son más difíciles de pescar, ahí se impone pescar aguas arriba, alargue su bajo y no cubra el campo de visión de la trucha con su línea. También para esto hay una solución, curvar la línea.